Uno cae…

Uno colorea en blanco y negro
retratos de sombras ancladas en su mente,
con voces sordas pero constantes y punzantes,
ritmo de martillo, de un herrero, cual verdugo sincero.
Uno es la sombra de otra idealización,
uno huele a final prematuro,
su cuerpo es la basura emocional de su mente,
su mente es el azote perpetuo a su espíritu.

Uno se sincera con la mentira,
uno se unta de intención
des de el talón hasta el mentón
y guarda para su cabeza la mierda,
vociferando clemencia en su llanto
postrado en su silla de ruedas emocional,
buscando la válvula que desate su corrida,
buscando la chimenea que guie el humo de su pesar.

Uno tiene cimientos de paja y paredes de plomo,
uno invita al viento con su gravedad,
gravedad que atrae sus fantasmas,
gravedad que repele su presencia.
Viento, brisa, susurro o aleteo de mariposa,
un ligero temblor, un pensamiento no invitado,
y castillo de naipes, de paja y plomo,
sin balancear se cae, cual empuje sobre cluquillas.

Uno hace lustros apagó su luz,
uno contrata sus velas si aparece el vendedor,
mas continua a tientas si no viene, salvador.
Uno no decide.
Uno deambula, y rara vez, pescado en arrastre o en mosca,
delega sus pasos al captor,
un síndrome de estocolmo sin secuestro,
convertido en otro sutil empuje hacia el paredón.

Uno vende su saber,
al otro que le alquila su estar, su pesar, su pensar y su entender, su silla y su comer.
Luego pierde su quehacer, nadie ya quiere lo que fue, lo que soy, lo que seré, los frutos que ya planté, lo que no se y enseñé, lo que aprendo y olvidé.
Uno, cual zorro que no alcanzaba, no le gustaba, finge, se fue a los cien volando y ninguno cazó.
Esperó. Se fue. Volvió. Cayó. Lloró.
Aqui está; el destino, ya escrito, decidirá.

Y uno, en el espacio, inestable levedad,
en el tiempo, de insoportable pesadez.
El camino del caminante huelo, percibo, intuyo, recojo, vendo y… soy farsante:
Uno perdió su quehacer,
uno no alcanzó su querer,
en el camino perdió su ser
y tímido, cobarde y constante, pierde su ver:
le traicionó, lo que hubiera podido ser…

Derribó los sueños por la mitad,
confundió disfrutar con padecer:
uno no sabe lo que quiere,
uno no quiere lo que sabe,
uno que se cae…

Uno gime con su pluma,
ebrio de tristeza y con lágrimas de alcohol
y deja el rastro de aquel día sin luz.
Uno cae… confiando en su ave fénix.

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